Te espero, pero parece que nunca llegues. Los minutos pasan como si
fuesen horas, y tú no estás aquí. Me siento en mi silla, y miro el asiento que
te corresponde normalmente a ti.
Vacío. Silencio.
Empiezo a preocuparme. Siempre estás aquí a esta hora.
Me intento tranquilizar durante unos instantes, seguramente estarás al
llegar. Miro la fotografía que se encuentra en la pared de nuestra habitación.
Veo nuestras sonrisas. Entonces sí éramos felices. Supongo que esa
foto nos la hicimos cuando fuimos de vacaciones hace cinco años. Rememoro todos
los instantes de ese viaje, y recuerdo
cada y una de las sonrisas que tuvimos en nuestro rostro. Entonces todo nos
hacía sonreír, por pequeño o minúsculo que fuese.
Pero ahora… ahora no sonrío tanto. No soy la de antes, la que
conociste hace un tiempo. Ambos hemos cambiado. Ya no somos los de antes. Nos
cuesta sonreír, no pasamos momentos buenos juntos.
¿Merece la pena seguir adelante en este camino?
Se abre la puerta.
-Katherine, ya he llegado – dice él.
No sé qué hacer. No sé cómo mirarle. Hace unos pocos instantes que he
estado pensando ir hacia otro camino en mi vida, en solitario, sin él.
-Katherine, ¿estás aquí? – repite él, buscándome.
Siento el impulso de irme, dejarlo todo, y empezar de nuevo. Necesito
ser esa Katherine que abordaba sonrisas constantemente. Necesito salir por la
puerta de mi hogar y sentir la libertad que ha estado tan ofuscada desde hace
un tiempo.
Y lo hice.
-¿Dónde vas, Katherine? – insistió él,
ya que no sabía qué me pasaba.
No respondí. Me fui sin más, y nunca más
volví.
Empecé una nueva vida, donde estaba
segura de no volverle a ver.
Ahora lo pienso bien, y no sé bien lo
que me condujo a partir para no volver. Pero me armé de valor y salí. No pensé
en las consecuencias que pudo tener ese acto en el curso de mi vida, pero ahora
por lo menos sonrío.

Sonreír es importantísimo. Apoyo la decisión de Katherine.
ResponderEliminarMe encantó el relato, demuestra franqueza y fortaleza por parte de la protagonista.
Besos agridulces♥