Esta es una historia fácil. Un cuento que se
basa en una simple amistad. Momentos para recordar, que se hacen más
apetecibles narrados en prosa. Instantes que estoy segura que volverán a
suceder pronto. O eso espero.
Salen de la estación para explorar el pueblo.
Se cuentan historias literarias y momentos de su vida. Conversaciones que
siguen sin parar, hasta sentarse en el suelo del cuarto de E. Empiezan las primeras fotografías, las
primeras muestras de cómo ve el mundo cada una.
Pasa un corto tiempo y terminan sentadas en
un parque. Y… ¡sorpresa! Una llamada ya planeada de E hace sonreír a M. ¡Se ha
colado A en esta historia! 40 minutos que transcurren crean un buen ambiente
para todas.
Tiempo de picnic y más fotografías. Sesión en
vivo, y con sonrisas más que merecidas para ambas.
Tarde con sabor a granizado de limón, y
patatas bravas que nunca llegaron a verse. Aparece a escena otro personaje,
pero no por tardar es menos importante… ¡Otra M! Decidimos crear una sorpresa
para alguna gente que nos acompaña en nuestro día a día, y que se han
convertido en personas bastante importantes para nosotros. Falsas escenas
falsas y escenas verdaderas, con banda sonora de cumpleaños feliz nos acompaña
durante unos minutos.
De camino a la estación y paso a paso, se dan
cuenta que el tiempo pasa, nada es eterno, pero la felicidad en pequeños
frascos es muy eficiente. Se despiden, con una sensación de vacío momentánea,
pero conservando la esperanza de volver a verse.
Y colorín colorado… este cuento aún no ha terminado. De hecho, no va a terminar jamás,
mientras esta amistad dure.
El resultado de las fotos que hicimos ambas es éste:
Yo, Emma Gallardo, hice la primera, titulada "Si te vuelve a mirar después de despedirse...",
y Michy Birdwistle, me retrató en la segunda.
¡Espero que volvamos a repetir un día así pronto!

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