El sol
brilla, pero no por muchos instantes.
Todos los
soles queman, pero no he encontrado ninguno que seque mis lágrimas, pienso. El cielo progresivamente se va nublando, y
empiezan a caer las primeras gotas. Me
derrumbo, y las lágrimas habitan de nuevo mi rostro. Sí, me he rendido por unos instantes, pero
cuando me levante será con muchas más fuerzas.
Alzaré la mirada y entenderé que la vida está hecha para aprender de los errores, y hasta de los errores más minúsculos se aprende.