Si no escribo estas líneas en este cuaderno empezaré a llorar – dijo
ella.
Y ella nunca lloraba.
Había ido creando, al paso de sus años
de vida, una coraza que le permitía dejar apartados de su rostro sus
sentimientos. Lo único que sabía cómo se sentía verdaderamente era su libreta,
desconocida para todas las personas cercanas a ella, en la que escribía cuando
necesitaba desprenderse de su coraza. Pero le era imposible apartarla ya de
ella misma: era demasiado gruesa, demasiados años había pasado ella fingiendo, ya
era demasiado tarde.
Pensaba que si alguien descubría esa
libreta, y sus sentimientos salieran a la luz, le verían débil. Débil como una
hoja en otoño que cae lentamente de su árbol. Débil como un recién nacido en
este mundo.
Débil como ella misma se sentía por
dentro.
Sabía perfectamente que no podía
continuar durante mucho tiempo. Cada persona sus límites, y ella estaba
llegando a éllos.
Pero a veces llorar es una solución.
Dejar que las lágrimas corran por tu rostro, y mostrar tus emociones, no es
malo. Te hace más humano.
Ella lo sabía. Sin embargo, ella misma
lo impedía.
¿Era ya demasiado tarde para hacerse fuerte llorando, de una vez por
todas?
hola, muy reflexivo e interesante el blog
ResponderEliminarsi no os importa, os voy a dejar mi blog para que disfrutéis de él y, si no os gusta, mandárselo a vuestros amigos:
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gracias por vuestra colaboración