Oscuridad.
Todo mi alrededor está negro y me invade el silencio. Un silencio atormentador del que sólo se logra percibir mis sollozos, y las lágrimas que se deslizan por mi faz, hasta caer sobre mi cojín.
Me tirita el cuerpo entero, por el miedo que le tengo a mi alrededor. Un miedo que me hace esclava de la melancolía que tengo guardada bajo llave en mi interior, que aflora algunas noches, sintiéndome como un ser insignificante, miserable... infeliz.
Infeliz con el conjunto que me rodea, la vida que cada día crece en torno a mí.
Finjo. Finjo todas mis sonrisas. Finjo cuando digo que estoy bien, que no me pasa nada, pero en realidad sé que por dentro me quema ser quien soy. Muchas veces he deseado convertirme en cenizas y desaparecer de este mundo. Desaparecer para nunca más volver.
Hay días que hubieses preferido no vivir, días para olvidar, atardeceres perdidos, fechas innombrables... jornadas en las que el llanto y las lágrimas son tus compañeras, a tu pesar.
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