Seguidores

Mucha gente respira, yo escribo.

martes, 3 de julio de 2012

La chica de la mirada interior


Érase una vez una chica que esquivaba todas las miradas. Se escondía en cada momento detrás de sus ojos,  donde nadie la pudiese ver. Tímida y reservada, pero con mucho que contar al mundo. 
Un día se fijó en el cielo azul que le rodeaba en cada momento. Nunca se había detenido a mirar todas las tonalidades azules que llega a tener el cielo. Deparó su mirada también en las nubes, y empezó a reconocer siluetas en la formas de las nubes. 
Se estiró en la hierba, y cerró los ojos. 
Pensó en todo lo que pudo ser y no fue. Recordó las veces que se había rendido en silencio, sin que nadie lo supiese. Rememoró esas batallas interiores perdidas. Añoraba sentirse completamente bien consigo misma. Reconstruyó su futuro perfecto, con situaciones idílicas y momentos inmejorables. Se perdió en el laberinto que se halla en su interior, del que salió con dificultades después de superar varios obstáculos internos. 

Volvió a abrir los ojos. Lo primero que vio fueron pájaros volando en el cielo azul. Sonrió débilmente.
Los envidiaba: podían alzar el vuelo siempre que quisieran. Podían desaparecer del lugar en el cual se encontraban en cuestión de segundos... Ella, sin embargo no.

Miró una alondra que había en la branca de un árbol próximo a ella, y mientras, pensó: 
-Los pájaros pueden volar, pero no pueden escribir. Ellos pueden evadirse del lugar donde están mediante sus alas, yo puedo evadirme de este mundo con un bolígrafo en la mano. Escribiendo creo otro mundo paralelo a este, donde invento lo que quiero, y donde soy yo misma. Por ahora, creo que los pájaros que tanto envidio no pueden hacerlo-.

-Alondra, ven hacia mí si te gustaría poder evadirte de este mundo escribiendo, tal y como lo hago yo cada noche. 
El pequeño pájaro inició el vuelo, partió de su branca y parecía que viniese hacia ella. Justo cuando estaba a unos centímetros de ella, alzó el vuelo y fue hacia el cielo. Le vio marcharse, hasta perderle de vista. 

Siempre que ve un pájaro cualquiera acercarse a ella, le vienen en mente unas ganas inmensas de escribir. Y piensa también en el deseo de escribir que quizás tiene algún pájaro, como el deseo que tiene ella de volar algún día, sobrevolando el horizonte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario